Este país busca convertirse en un nexo, tal vez porque somos Europa sin ser el Norte Global, un país en el umbral entre dos mundos que puede hablar a los dos
Hay un debate global en curso sobre la democracia, y también está ocurriendo en España, con el foco en América Latina. No es una disputa académica, sino un conflicto sobre qué voces existen políticamente, quién las reconoce y con qué criterio. Mientras Lula aterrizaba en Barcelona para reunirse con una docena de líderes progresistas, Ayuso espetaba a Vox en la Asamblea de Madrid: “La región está de moda”. Presentaba su proyecto político como categoría de consumo y lifestyle: Madrid como marca aspiracional, un espacio que sustituye ciudadanos por consumidores. En Madrid “caben todos los acentos”, señaló frente a Vox. Pero lo suyo no es generosidad, sino pura gestión de marca. Vox estropea el producto con su tosquedad mientras ella finge cuidarlo. El inmigrante que cabe es el que no desafina en el escaparate, y su acento es literalmente la marca sonora del origen. Suena inclusivo, pero es reconocimiento selectivo disfrazado de apertura. Ayuso no es antilatinoamericana; es selectivamente latinoamericana. Elige qué América Latina reconoce: la de los empresarios venezolanos del Barrio de Salamanca, la de los que llaman dictadora a Sheinbaum. Al contrario que Feijóo, Ayuso no espera a gobernar España para tener política exterior. Y no la construye desde los cauces convencionales sino desde el mismo circuito donde Meloni y Milei forjaron su proyección: una internacional que no necesita instituciones porque piensa que son el enemigo.